ETAPA 18: DAR ES SALAM

Recuerdo que de niño cuando aprendiamos los países del mundo y sus capitales, (no se si las capitales del mundo todavía se enseñan en las escuelas), siempre me hizo mucha gracia esta ciudad. Dar es Salam. De ahí con mi lógica de 10 años, interpretaba que si Dar era algo Salam debería ser algo bueno, y que Dar es Salam estaría llena de gente generosa compartiendo todo lo que tenían.
Como el vuelo de vuelta de Carol salía a última hora de la noche, y no quisimos apurar demasiado con los ferris, tomamos el ferri que salía de Zanzibar a las 9.30. Lo que nos colocó en Dar a las 11.
Fuimos a buscar un hotel, y a dejar las cosas antes de comer y dar un paseo por la capital del país. El Luteran house anexo a la catedral luterana y gestionado por los propios luteranos es una buena opción si consigues que te apliquen el precio de residente. Unos 25 dólares la habitación individual con baño y desayuno, y bonitas vistas al puerto y la catedral.
Para comer en el New Africa Hotel justo delante tienen un espectacular buffet por unos 12 dólares, y por 22 extra te puedes comer una langosta. Que menos para despedirnos hasta marzo.
Dar es Salam no es una ciudad que tenga demasiado que ofrecer, de hecho a finales del XIX no era mas que una agrupación de cuatro calles en torno a cuatro casas de pescadores cuando los alemanes comenzaron a construir algunos de los edificios señoriales, hoy sede de organismos oficiales, y su jardín botánico, en estos días muy fragmentado por las calles y con partes de él incorporadas en los jardines de esos edificios administrativos.
No es una capital con gran oferta cultural ni patrimonial, así que lo mejor que se puede hacer en una tarde, es simplemente pasear por su zona administrativa, muy arbolada y bastante agradable, y dejar que los mosquitos tigre del botánico te mordisqueen los tobillos un poco.
A las 9 de la noche quedamos con un taxista para que nos llevara al aeropuerto. Momentos siempre tristes las despedidas. Hasta los periódicos y televisiones de medio mundo se hicieron eco de nuestra despedida publicando la noticia de que ese era el día mas triste del año; incluso le pusieron nombre y todo: el blue monday. Personalmente creo que estos diarios exageraban un poco, tampoco había para tanto, 5 semanas pasan deprisa, y a la hora de la verdad no creo que esta depedida afectara tanto al resto de la gente.
Y a la mañana siguiente, sin billete comprado y a lo que surgiera, (en las agencias de viajes aledañas al puerto se quedaron tan panchos de pedirme 40 dólares, ¿para que ganarse 10 dólares de comisión pudiendo ganar 25?) me fui a la estación de autobuses a subirme a lo primero que fuera hacia Moshi. Y sí, sin complicaciones, hay autobuses a patadas que salen cuando se llenan.
Tras una interminable etapa de 10 horas, llegaba a Moshi de noche, con tiempo de refugiarme en el Zebra hotel.

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