ETAPA 17: ZANZIBAR

Y aquí es cuando hice una pequeñita trampa, y me subí a un par de avioncitos de nada para poner en cuarentena mi overlandismo (sin que esto hipoteque o amenace mi flamante coronación como Grand Overlander).
En efecto, me salté un tramillo de nada entre Addis y Dar Salam aparcando el sur de Etiopía (valle del Omo) y el norte de Kenya (Turkana) para otra ocasión.
Los motivos, uno Carol venía a Africa con la condición innegociable de unos días de playa. No os imaginais la cara que me puso cuando le dije que en Etiopía ya no había mar desde la secesión de Eritrea. Y que la opción “playera” mas cercana era Djibouti, no precisamente uno de los destinos de moda en los catálogos de sol y playa.
La segunda razón era un tema de seguridad, podríamos haber cruzado por tierra a Kenia y de allí haber ido a Lamu. Pero esta zona está dentro del radio de acción del grupo terrrorista de origen somalí Al-Shabah, y además parece que Moyale (el puesto fronterizo) no es lugar para señoritas.
En definitiva, si hubiese estado solo tal vez si quu hubiese acometido el trayecto directo Moyale a Nairobi; pero siendo responsable de otras personas; me pareció razonable volar de Addis hasta Dar Salam, para buscar las playas de Zanzibar.

El vuelo directo de Ethiopían se había disparado hasta los 400 euros, mientras que el de Kenyan Airways se mantenía en 200 con el inconvemiente de una escala de hora y media en Nairobi.
No lo pensamos dos veces.

Pero, un inesperado retraso en el Addis Nairobi, nos hizo pasar toda la tarde en el aeropuerto de la capital etíope; perdiendo la conexión hasta Dar.

Así que nos quejamos y Kenyan echó el resto. La verdad es que los keniatas se estiraron. Nos pagaron el visado de tránsito y una noche de hotel en Nairobi. Si en Europa las aerolíneas te pagan un 3 estrellas pelao y mondao, los de Kenyan nos pusieron en el Panari. Un 5 estrellas a unos 5 km del aeropuerto. A título indicativo 150 euros la noche.
Si esto fuese un videojuego, diríamos que esto sería un “logro conseguido” del Ultimo Bazar (dormir en un 5 estrellas).

La lástima es que a las 10 de la mañana nos venían a buscar para meternos en el siguiente Naitobi-Dar Salam. Así que no pudimos dirfrutar mucho más que el espectacular buffé del desayuno. Que bien viven los ricos, dicho sea de paso.

Llegamos a Dar pasado el medio día. Del aeropuerto directos al puerto para intentar subirnos al último ferri con destino a Zanzibar. Pero solo quedaba una plaza. Así que hicimos noche en Dar; en el Rainbow, un hotel regentado por indios; la opción más económica cerca del puerto. 55 dólares la noche (la doble), después de regatear.
Nuestro ferri a Zanzibar salía a la mañana siguiente a las 9.30.

El trayecto Dar Salam – Zanzibar se hace en hora y media. Lo primero que sorprende al desembarcar es que hay que pasar un passport control con estampado de entrada; como si entrásemos en un nuevo país.

Y es que Zanzibar solo ha estado unida a la Tanzania continental desde la descolonización británica de los territorios de Tanganika en 1961.
A partir de ese momento Zanzibar se federó con estos territorios descolonizados conformando la flamante República Unida de Tanzania.
Y pese a todo parece que en tema aduanero conservan su autonomía.

En efecto, Zanzibar históricamente estuvo vinculada al lejano sultanato de Omán, que inicialmente estableció aquí una base para el comercio de esclavos y de especias; hasta que el propio sultán decidió trasladar aquí la capital del sultanato por un tiempo.

Muy pronto, en cuestión de meses y subiéndose al carro de la moda iniciada por escoceses y catalanes, los habitantes de Zanzibar decidirán en una votación si permanecen unidos a la federación, o si inician una andadura solos.

La puerta natural de entrada a Zanzibar es la ciudad de piedra (stone town), como se le llama aquí a la ciudad vieja. Y el nombre lo toma del material con el que están construidas todas las edificaciones, una piedra de origen coralino y que se encuentra por toda la isla.
La llegada a la isla en barco es muy fotogénica, con un frente marítimo compuesto por las blancas fachadas coloniales de los edificios más nobles de la ciudad vieja, sus tejados anaranjados y las agujas de los campanarios y minaretes de sus iglesias y mezquitas. Si además el día es soleado el azul turquesa del mar hará mas inolvidable el momento.
La Stone Town de Zanzibar es una de esas ciudades portuarias coloniales que aun conserva un fuerte carácter y donde se respira suahili por todos lados. Aunque es un lugar que se está empezando a dejar arrastrar hacia el turismo de cruceros y excursiones de un día organizadas desde los resorts, y empiezan a prodigar los habituales hoteles boutique de a partir de 200 la noche; sigue manteniendo su autenticidad gracias a la vitalidad de los locales que en su mayoría aun no dependen del turismo. Muchos edificios sin la adecuada conservación hacen que la Stone Town desprenda también un aire bastante decadente, que gustará mas o menos; pero que tiene su innegable rollo.
Su laberinto de calles estrechas aromatizadas por los puestecillos callejeros de especias te traslada a los tiempos en los que el Sultán habitaba en la que ahora se conoce como la casa de las Maravillas, mientras en su puerto se producía una mezcla de influencias culturales traídas por los comerciantes indios y árabes. Tiempos en los que los alemanes buscaban su trozo del pastel africano por estas aguas.
Aunque la Stone Town no es muy extensa, realmente es de los cascos viejos en los que cuesta orientarse, y donde si tomas el desvío no adecuado acabarás en la otra punta de la ciudad. Así que lo mejor es dejarse llevar, y que sean las calles las que decidan el orden de tus visitas. Al final de un modo u otro acabrás pasando por los baños árabes que se enclavan justo en el baricentro de la ciudad vieja.
Vale la pena detenerse a observar las mas de 600 puertas catalogadas, muchas ellas anteriores a los edificios que las contienen. Y donde las familias hacían su mayor inversión cuando acometían la construcción de sus casas.
A grandes rasgos, hay dos tipos claramente diferenciables. Las indias visibles por el elaborado arco de medio punto que las corona, y las árabes adinteladas. Todas ellas están delicadamente trabajadas con motivos florales o geométricos.
Algunos hoteles boutique de habitaciones prohibitibas, pero remodelados con muchísimo encanto te ofrecen la posibilidad de comer o cenar en sus azoteas a precios asumibles, disfrutando de los tejados recortados sobre el mas azul turquesa.

Uno de los hijos mas ilustres de la isla fue Farrouk Bulsara, un descendiente de inmigrantes parsis (iranís) que tras pasar la adolescencia en la India dio con sus huesos en Londres. Farrouk, con buena formación para el piano y una voz excepcional capaz de alcanzar cuatro octavas acabó en un grupo con unos tales Bryan May, Roger Taylor y John Deacon.
Imagino que con todos estos datos ya sabréis que estoy hablando del legendario Freddie Mercury, alma de una de las bandas de rock mas grandes de la historia, admirador de Montserrat Caballé y coautor del famoso himno Barcelona. Por lo que además de las camisetas del Barça que circulan por la isla, Zanzibar tiene una conexión más con Barcelona gracias a este hijo pródigo.

Mientras Carol se hacía unos tatuajes de henna y miraba vestidillos, me encontré a unos japoneses con los que coincidí en el consulado sudanés de Asuán (casualmente Carol también estaba conmigo entonces). Aunque entonces casi no hablamos mas que media hora mientras esperabamos que el cónsul nos atendiese; estos reencuentros son memorables. Así que fue la excusa perfecta para acabar de matar la tarde y la noche con ellos. Venían del Kilimanjaro y proseguían su ruta hacia Sudáfrica. Otros grandes overlanders como yo.

Si la Stone Town es un motivo para venir a Zanzibar, el otro lo son sus playas paradisiacas. Tras un par de días paseando por las estrechas callejuelas, el calor y la humedad de la isla nos impulsaron hasta una de esas playas el tercer día.
Escogimos la costa oriental.
Aterrizamos en Paje, el lugar donde muere la carretera que atraviesa la isla en sentido oeste-este. En el primer lugar que preguntamos, con unos bonitos bungalows y un bar junto a la playa al estilo resort nos piden 100 dólares. Nos quedamos blancos. Esto en Tailandia no pasa de 40 o 50. Así que nos vamos a una de las instituciones para mochileros, el Jambo. Está lleno. Solo tiene camas en un dorm a 27 dólares. Vamos, lo mismo que cuesta dormir en un youth hostel en Barcelona o Londres. Las cabañas con baño compartido 50 dólares. ¿Se han vuelto locos?. Saltamos al Teddie, la opción mas cutre de Paje. Allí nos ofrecen una cabaña diminuta de chamizo sin ventanas, con el suelo de arena y con un deprimente único punto de luz (una bombilla colgando del techo). Dos wc hechos carbonato para dar servicio a todo el complejo presuponen colas por la mañana. Nos piden 45 dólares, 40 si nos quedamos muchos días. Esto en el sudeste asiático no cuesta ni 5 dólares. Salimos de Paje corriendo, no fuera que nos quitaran nuestras pertenencias.
A tres kilómetros al norte probamos fortuna en Bwejuu.
Y bingo, Carol lo encontro!
Sun and Seaview resort. Chollazo viendo lo visto. 45 dólares un bungalow en primera línea de playa, con unas vistas increibles al Índico, baño con bañera de obra, muchas ventanas para captar las brisas marinas, y lo mas increíble de todo; estamos solos.

¿Donde está el truco?
Al parecer el establecimiento es propiedad de un tanzano y lo gestionaban unos italianos, que dejaron la concesión hace menos de un año. Así que en este momento el resort está en una situación de impasse en espera de que alguien se haga cargo.
Ahora mismo el negocio está en manos de Hayi y su familia. Hayi es un chaval local que se lo toma con calma. No es que pase del tema, él está allí 24 horas, y a tu disposición.
El tema es que el resort no está ni en el booking, ni en el tripadvisor; lo cual es una gran limitación; y aunque aparece en la lonely planet, viene con los precios de cuando estaba administrado por los italianos. Seguramente el único caso en la historia de la holy book en el que el precio es mas barato que en la guia.
En todo caso, ahí estabamos nosotros para aprovechar esa ventajosa situación y establecernos seis días para descansar de autobuses.
La playa de finísima arena blanca y cocoteros al borde del mar es paradisiaca. El mar adquiere unas tonalidades en esta zona de la costa que alternan franjas turquesa, azul marino, negro y blanco en función de la profundidad, de los bancos de arena que emergen y de las algas que crecen cerca de la playa.
La playa solo tiene un pero, su poca profundidad agravada por las mareas.
Si te coincide la bajamar con las horas de medio día las posibilidades de baño se limitan a la primera hora de la mañana o las últimas de la tarde.
La dureza de la arena junto a la orilla permite ir en bicicleta hasta el final de la península que culmina esta parte del litoral. Allí hay uno de los puntos mas conocidos de Zanzibar, el restaurante “The Rock” construido sobre un minúsculo afloramiento coralino a escasos metros de la costa y que ha sido considerado por la nat west traveller como el restaurante mas romántico del mundo…hasta que ves los precios de la carta.
Sin embargo, en frente de “The Rock” hay un agradable y mas asequible restaurante al que se le pueden pegar todas esas etiquetas que se ponen ahora para parecer la ostia: lounge, chill out, garden view, chic, seaview, ambient, organical, ibiza styled, VIP, boutique restaurant, fusion…allí puedes comer o tomarte una cerveza helada estirado en las colchonetas y sofás, entre baño y baño en su piscina rebosante volcada sobre el mar, con vistas al rocoso restaurante de la competencia, con su DJ a la última, y con su clientela compuesta por todo gente guapa. En serio, aquello parecía un anuncio de Martini.

Recomendación, quedate en el sitio de la piscina, y si acaso deja el The Rock para los cafés.

En la zona oriental se puede hacer un buen snorkel en la Blue Lagoon, aunque el día en que nos decidimos, y regresamos hasta allí, el mar había traido muchas medusas, y el mismo barquero en un ejercicio de legalidad nos dijo que mejor lo dejáramos para otro día si no queríamos salir del agua hechos unos zorros.
Como aquel que no quiere la cosa, nos colamos en un resort exclusivo en primera linea enfocado para turistas italianos del todo incluido. Aprovechamos nuestro parecido para deambular por las instalaciones con toda naturalidad, conseguir la contraseña del wifi, para bañarnos en su embarcadero, y si hubiésemos tenido algo de mas mala idea para cargarle a alguien en la cuenta de su habitación unos mojitos y una langosta. Algún dia teniamos que aprovecharnos de los panuchis y pagarles en su moneda.

Los tres últimos días decidimos movernos al norte de la isla donde se encuentra la otra zona de playas. Concretamente a la localidad de Nungwe. En la zona oeste la playa es más profunda y el baño no está tan condicionado por las maréas como en la costa oriental. El mar en esta zona es turquesa hasta allá donde alcanza la vista. Pero los resorts y hoteles en esta zona no están tan camuflados como en Paje, Bwuejuu o el resto de la costa oriental virgen en muchas zonas.
Es también la zona mas expuesta a los vientos del norte, que (al menos en esta época) soplan con fuerza, y producen mucho oleaje.
La zona norte de Nungwe, justo detrás del faro continúa sobre un afloramiento coralino donde el mar ha erosionado unas curiosas formas sobre el arrecife. Encima se situan algunos resorts exclusivos; y otros mas sencillos como el Tanzanite, donde nos quedamos. 75 usd la habitación con desayuno buffet, 65 tras regatear y quejarse un poco por no tener la habitación con vistas.
Al estar sobre el escollo la vista del mar azul turquesa es mas extensa que a pie de playa.
Si me lo preguntáis, es difícil establecer una preferencia clara. Cada zona a su manera tiene sus ventajas e inconvenientes; pero ambas tienen un mar increiblemente postalero.

Si recurrís al transporte local, los dalla-dallas (transportes colectivos) para moveros por la isla, una opción barata y funcional, deberéis evitar a toda costa los dalla-dallas tipo camioneta abiertos con el techo de madera; sus paradas en carretera cada diez metros!!! para recoger o dejar gente agotarían la paciencia a una estrella de mar.

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