ETAPA 16: LALIBELA

El traslado de Bahir Dar hasta Lalibela es de los complicados, pese a estar relativamente cerca. No hay autobús directo, y la única manera para ir consiste en tomar el único bus a Woldia y que sale a las 5 de la mañana (para variar) y bajarse en Gashena de donde sale un borreguero rural a Lalibela con horario indeterminado. Si no te apetece madrugar tanto puedes seguir idéntico procedimiento en una de las minivanes colectivas que salen hacia Woldia cuando están llenas. Pero tampoco te duermas. Si sales mas tarde de las 10, posiblemente pierdas el enlace en Gashena.

Nosotros estabamos a las 9 en la estación de minibuses. Pero no salimos hasta las 10 pasadas. Aunque en las guías se habla de unas 3 horas para llegar a Gashena nosotros tardamos 4 horas y media, y eso que el conductor esa de los que iba marcando scratch a lo rally Montecarlo style. Incluidos algunos tramitos al borde de los precipicios habituales.
Gashena es un cruce de caminos en mitad de la nada, donde apenas hay nada mas que un descampado de donde sale el autobús y cuatro casas.

La trama de la “reserva” de asientos para turistas en el bus a Lalibela es también pintoresca. Dos niñas inglesas habían pagado al colocador 250 birr para un trayecto cuyo coste es de 50.
A nosotros nos dice que no hay plaza y que debemos esperar al siguiente.
Oliendome la estafa (me sospecho que no habrá siguiente, y que lo siguiente será un minibús privado por 1.500 birr), nada mas llega el bus, me dirijo hacia allí pasando del colocador (al que le falta media nariz y que tiene una cara de mafioso que no puede con ella). En efecto hay una marabunta de peregrinos que asaltan el atobus por todos sus huecos. Peregrinos que se dirigen en masa a Lalibela para celebrar sus navidades que comienzan en nuestro día de reyes. Sentarse será misión imposible, pero subirse parece viable.
Dos japoneses y una chica belga están en situación similar. Al final, el colocador nos hace una oferta a la baja. 100 birr por cabeza y nos “libera” un asiento a cada uno. Aceptamos, será como viajar en “primera” clase.
Básicamente nos coloca a los 5 en la fila de detrás del autobús con un local mas, todo apretujados. En cualquier caso viajamos mejor que las dos inglesas que comparten sus dos asientos con un señor mayor que se les restriega todo lo que puede y mas.

Son las 5 de la tarde y por fin salimos. Hay gente de pie por todo el pasillo y gente sentada sobre los respaldos de los asientos. Los peregrinos alternan sus cánticos religiosos festivos con las canciones folklóricas del equipo de sonido del autobus.
La carretera es de las peores del país. Se nota que el gobierno etíope quiere que los turistas lleguen a Lalibela en los vuelos de la compañía estatal (que tiene el monopolio) pagando los 160 dólares de la tarifa mínima. Casi 4 horas mas para recorrer unos 70 kilómetros.

Llegamos de noche y protagonizamos una divertida gincama buscando alojamiento: las dos chicas inglesas por un lado, nosotros y la belga como un segundo equipo y los japoneses como partipantes individuales. Nos vamos reencontrando en las diferentes recepciones de los hoteles. Uno de los japoneses se nos adelanta y nos pispa la última de uno con buena pinta y precio. Las inglesas abandonan las primeras y se quedan con una de las peores opciones calidad/precio. El otro japonés se queda en el sobrevalorado 7 olives. Solo quedamos nosotros, parece que seremos los perdedores.
Pero al final llegamos al red rocks. Tras una dura negociación conseguimos una doble con balcón en un edificio de reciente construcción, con instalaciones impecables por 400 birr y la belga su individual por 300.
Un éxito viendo el antro infecto donde se quedaron las inglesas por 350.
Nos declaramos vencedores de la competición.

A la mañana siguiente nos espera uno de los platos fuertes del país. Las iglesias de Lalibela. La atracción turística mas conocida fuera de Etiopía. La atracción que hace que muchos turistas se suban a un avión y se metan 10 horas en un vuelo intercontinental y que llena de contenido los catálogos de los operadores.

AHORA SI, LAS IGLESIAS

En esta aislada zona del altiplano etíope el rey Lalibela que reinó a caballo entre los siglos XII y XIII quiso construir una réplica de Jerusalem con el fin de ahorrar a los cristianos locales una peregrinación a tierra santa cargada de penurias y peligros.
Todos los topónimos de la ciudad nos trasladan a esa zona; incluido su pequeño rio Jordán donde se realiza el sacramento del bautismo.

Según cuentan los estudiosos del tema, en tan solo 23 años se excavaron en el terreno a cielo abierto once iglesias repartidas en dos grupos, quedando una de ellas aislada del resto.
Así, todas ellas están talladas un único bloque de piedra, con el espacio interior a su vez, tallado dentro del bloque de piedra.

El complejo principal al noroeste se compone de un grupo de seis, siendo la mayor la iglesia de Bet Medhane Alem. Se considera la mayor iglesia tallada en un solo bloque de piedra del mundo. Un peristilo de columnas rectangulares rodea toda la estructura, mientras que el espacio interior que se compone de cinco naves es también el mayor de toda Lalibela.
Anexa la iglesia de Bet Maryam es una de las mas elaboradas con sus entradas porticadas.
Es muy divertido visitar el complejo recorriendo los diferentes túneles que las conectan unas a otras sin saber muy bien a donde vas a aterrizar exactamente.

El conjunto sureste, a un escaso medio kilómetro del grupo anterior se compone de cuatro, siendo la mas impresionante la de Bet Amanuel con los muros mas elaborados reproduciendo unas hiladas de sillares. La iglesia de Bet Abba Líbanos es la única que se encuentra excavada en una pared rocosa y no en el suelo, y también está muy delicadamente tallada. Uno de los puntos divertidos es recorrer el túnel de un centenar de metros que arranca a los pies de la iglesia de Bet Merkorios y que conduce hasta la iglesia bipolar de Bet Gabriel-Rufael. Según dicen los guías debe hacerse en la absoluta oscuridad y sin ayuda de linternas.

Aislada del resto, la iglesia mas fotografiada y reproducida en catálogos turísticos y guías (y desde hace poco la única realmente fotogénica y fotografiable en su totalidad – después os explicaré por qué) es la iglesia cruciforme de Bet Giorgios (San Jorge). Está considerada como la mas perfectamente ejecutada a simple vista. Es también la mas alta y esbelta de todas. Emerge del pozo excavado como un pilar en planta de cruz latina y con una fachada compuesta por tres niveles, alcanzando los 15 metros de altura. Su espacio interior carece de pilares.

UNA CATASTROFE

El conjunto de Lalibela debió ser impresionante hace unos años, porque desgraciadamente se lo han cargado con unas esperpénticas, monstruosas, sobredimensionadas estructuras destinadas a preservar las iglesias de la lluvia.

En lugar de buscar una solución con escaso impacto visual como una impermeabilización de cubiertas, o una inyección de colmatadores hidrofugos en la piedra con un mantenimiento periódico, o en todo caso una doble cubierta montada sobre los tejados de las iglesias que pudiese ser reversible o desmantelable, la UNESCO decidió promover un concurso internacional para cubrir las estructuras con unas aparatosas cubiertas metálicas.
Un equipo italiano de arquitectos ganó el concurso. La Unión Europea destinó una millonada de euros para realizar la obra.
El gobierno etíope o quien proceda decidió que para que gastar tanto dinero. Así que reinterpretó el proyecto de los italianos a la baja, a lo cutre. Metiendo los soportes pegados a las iglesias y la cubierta a escasos metros por encima. Por supuesto la pasta que se ahorraron no apareció por ningún lado (hay muchos parches que tapar en Etiopía).

El resultado de la serie de despropósitos, un esperpento monstruoso que desvirtúa completamente la gallina de los huevos de oros de Etiopía: Lalibela, igual a: la razón para que muchos turistas se suban a un vuelo intercontinental y vengan hasta este país.

Me sorprende la disparidad de criterios de la UNESCO. Capaces de colocar la Alhambra de Granada en la lista de patrimonio en peligro por el impacto ambiental que puede causar un restaurante en el Albaicín, pero capaces de primero promover semejante burrada y seguidamente pasar por alto o mirar para otro lado frente al mayor despropósito que ha sufrido el patrimonio mundial desde su creación en 1978 (dejando de lado los daños ocasionados por conflictos armados como en Siria o Irak)

El fallo en primera instancia es de la UNESCO. Independientemente de que se hubiese hecho de acuerdo al proyecto original, el impacto visual de la estructura es catastrófico y ridiculiza las estructuras a proteger. Nunca se debe preservar un edificio por incalculable que sea su valor con estructuras que obvien uno de los principales valores de la arquitectura: su relación con el paisaje y su relación dentro del conjunto.

Los responsables de la idea, los responsables del proyecto todos cometen un error garrafal de concepto, de estudiantillo de primero de arquitectura. Consideran las iglesias como objetos independientes, como si fueran jarrones o ánforas, y obvian lo que en realidad son, dos conjuntos interrelacionados e indivisibles en los que las iglesias además de quedar relacionadas entre ellas, guardan una estrecha relación con un paisaje donde se excavan. Las marquesinas protegen las iglesias una a una, y machacan el conjunto. Es infinitamente peor el remedio que la enfermedad. (Os imagináis que para preservar la Gioconda, decidieran graparle unos parches de cuero encima lienzo y lo hicieran solamente sobre la cara del retrato?)

Conclusión. Si alguien viene a Etiopía motivado exclusiva o principalmente por las iglesias de Lalibela, mi recomendación es que escoja otro destino.
La monumental chapuza agravada de manera dramática por el tijeretazo del gobierno etíope desmerece totalmente el conjunto y lo hace casi prescindible.

Únicamente se ha salvado una iglesia. La iglesia cruciforme de San Jorge. Afortunadamente esta iglesia ha quedado sin proteger y puede contemplarse tal y como desde el siglo XIII se ha visto. Esta iglesia es de lo poco que consigue quitarte el mal sabor de boca.

EL BEN ABEBA

En Lalibela merece la pena acercarse al Ben Abeba a disfrutar de un atardecer y ya quedarse a cenar. En la cima de un pequeño promontorio una extravagante estructura helicoidal con unas terrazas en forma de copa de cava, con unas vistas de 360 grados, como un platillo volante o una extraña escultura gigante; el restaurante Ben Abeba parece surgido de un sueño surrealista; y es uno de los lugares mas especiales (y agradables) para comer en Africa. Y si bien todo parece ser bastante especial, incluso la no presencia de la injera en el menú; sorprendentemente lo único que se mantiene dentro de la normalidad son los precios de la carta. Se agradece que la pareja etio-escocesa que regenta el negocio no se aproveche de la exclusividad del establecimiento para aplicar sobreprecios en el menú.
Una muy grata sorpresa.

OPERACION REGRESO A ADDIS

Una vez conoces la carretera de Gashena a Lalibela, lo que te aconseja la cabeza es subierte en un avión que te devuelva hasta Addis. Peeero, una vez has visto los más de 160 dólares que cuesta cada pasaje, el bolsillo te hace reconsiderar la idea.
Volar dentro de Etiopía es muy caro si no eres etíope o si no has llegadoa Etiopía con un vuelo de la aerolínea estatal Etiopian Airways. Hasta el punto de que un vuelo doméstico de menos de una hora cueste casi lo mismo que un vuelo internacional de Barcelona al Cairo o de Addis a Dar Salam.
Ir de Lalibela hasta Addis por carretera requiere de dos días a no ser que quieras pegarte un palizón sobrehumano.
Existe la posibilidad de hacerlo en transporte privado (evitando los borregueros) a un precio muy razonable. Te explicamos como:

Hay que recurrir a los servicios de un “broker”. (Pregunta en la recepción del hotel). Estos profesionales están en contacto con los minivanes de turistas que llegan hasta Lalibela desde Addis o de los circuitos por el norte. Como la mayoría de turistas llegan a Lalibela por tierra y salen en avión, a diario hay minivans que regresan de vacio a Addis.
Estos “brokers” o facilitadores te conseguirán plaza en uno de los Land Cruisers que bajan por unos 400 birr persona (16 euros) hasta Dessie o Kombolcha donde se hace la primera noche, evitándote hasta dos cambios de autobús (el borreguero de Gashena, el minivan suicida a Woldia, y el bus a Dessie/Kombolcha). Si quieres contratar el trayecto completo de dos días Lalibela – Addis cuenta unos 700 birr persona (29 euros).
Cómodo, fácil y sin complicaciones.

En Kombolcha hicimos noche en el sencillo “live hotel” (con baño en la habitación) por 80 birr la noche (3,54 euros la habitación doble). Sirva esto de ejemplo orientativo de los precios reales del país una vez abandonas las zonas turísticas.
Como llegamos tarde a Addis optamos por dormir junto al aeropuerto en el Airport Motel que visto de cerca aparentaba ser uno de esos lugares en los que los hombres se reunen en secreto con sus amantes y/o scorts.
A la mañana siguiente teníamos vuelo hacia Tanzania, la relación calidad/precio era buena, la situación inmejorable (300 metros de la terminal), aire acondicionado y buen baño, así que nos dejamos de estar de puñetas.

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