ETAPA 13: LA DEPRESION DEL DANAKIL o (Para hacerlo mas diabólico todo) ETAPA 666: LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

Y una vez mas la frontera de Eritrea que desde Kassala en Sudán ha estado interactuando como un campo gravitatorio en mi ruta deformando mi espacio-tiempo volvía a atrapar mi trayectoria.
En la remota e incomunicada región fronteriza en el noreste etíope se encuentra la depresión del Danakil, que en algunos puntos alcanza los 100 metros por debajo del nivel de mar. Solo los afar, un belicoso y en otros tiempos hostil grupo étnico de confesión musulmana y dedicado fundamentalmente a la ganadería y la extracción de sal es capaz de habitar estos desolados e infernales parajes. Las condiciones de vida aquí son de las mas duras del mundo. Incluso en los meses mas benévolos del invierno, donde por las noches el ambiente es suave, el calor del mediodía acaricia los cuarenta grados. Los sesenta y tantos grados de la época cálida deben hacer la vida aquí casi tan compleja como en la superficie de Venus.
Hoy en día, con la llegada de los grupos turísticos de Mekele y los dólares, los afar son mucho mas amigables que antaño. Sin embargo, no hay afar que se precie que no se pasee con su Kalashnikov, de manera mas ostentosa que no intimidatoria. Es legal en esta zona del país (y en muchas otras) la tenencia y exhibición de estas armas de fuego contribuyendo a la imagen de una especie de salvaje oeste sin ley.

Si bien los afar ahora son mucho mas amigables e incluso fotografiables que antaño, los paisajes del Danakil siguen siendo de otro planeta, o de éste (La Tierra) en sus estadios primigenios, antes de que la biosfera hiciera su acto de aparición.
La depresión del Danakil marca el inicio de una dorsal que se extiende hacia el sur por el Rift Valley y que (según los geólogos) dentro de algunos cientos (o miles) de millones de años partirá el continente africano en dos.
Este es un lugar de creación de corteza terrestre, como lo atestigua la continuada actividad volcánica del tipo no pliniano (no explosiva).
Pero además de los volcanes que emergen de la depresión los lagos de sal, los salares y las montañas de sal adyacentes atestiguan que este terreno posiblemente ya fue un fragmento del mar rojo y un primer intento fracasado del inicio de esta fractura africana que se desecó por la extrema aridez. Sin embargo todo es una cuestión de tiempo.

Los tours que parten de Mekele suelen repetir idéntico programa independientemente del operador que los organice: Cuatro días y tres noches. Dos noches en el campamento de Halemeda a las puertas del lago Assal y la noche intermedia en el crater del Erta Ale.

Las disposiciones de seguridad a fin de evitar sucesos como el de las navidades de 2012 hacen que desde entonces todos los grupos tengan que pernoctar en Halemeda junto a la base militar permanente que el ejército etíope mantiene junto al lago Assal, salvo la noche aue se pasa en el volcán donde hay también un dispositivo militar permanente. Además todos los grupos llevan en todo momento una escolta, a parte de toda la comitiva de guías, conductores, cocineros.
Hace tres años un grupo de delincuentes comunes presuntamente llegados de Eritrea asaltó y asesinó a un grupo de 5 turistas y secuestró a sus guías.
Hay que remarcar que desde entonces con el incremento de la seguridad, no se ha vuelto a repetir ningún incidente.

El primer día comenzamos el recorrido parando en un mercado local donde convivían afar con tigray. Las mujeres tigray son facilmente reconocibles por sus peinados y sus crucifijos tatuados en la frente. Aquí aún son mayoritariamente cristianos.
Aunque en primer momento reacias, si tienes un mínimo de arte para ganarte la confianza, al final se dejan hacer fotos. La mezcla de vergüenza (por su timidez) y risas espontáneas cuando se ven en la pantallita de la cámara hace que el momento valga mas que la foto.
Entre los productos estrella del mercado, la sal traida desde el Danakil.

Un pequeño trekking por un arroyo que se precipita por unas cascadas, y unas paradas en algún punto escénico completan un primer día de traslado y poca cosa mas.

Por la carretera empezamos a ver las interminables caravanas de camellos cargadas de sal y que inician su periplo de 9 días hasta Mekele junto al lago Assal. En Mekele venderán la sal y aprovecharán para traer productos útiles en el Danakil (conservas, verduras, barreños de plástico, y material para los grupos turísticos).
Y este es uno de los pocos lugares del mundo donde todavía los camiones chinos han sido incapaces de imponerse a los camellos, a diferencia de lo que pasó años atrás en la ruta de la seda.

La primera noche la pasamos en el campamento de Halemeda, junto a la base militar. Eso hace que nos sintamos muy seguros. Los delincuentes comunes en estas zonas pueden ser muy tontos, pero intentar algo aquí, sería un suicidio.
Unos camastros hechos con cuatro troncos y unas cuerdas que trenzan una hamaca sobre la que se disponen las colchonetas que traen nuestros jeeps, bajo un cielo con un millón de estrellas. La noche y sus 27 grados al 10% de humedad es tan agradable que no hace falta nada mas para dormir como un lirón.

El segundo día empieza el Danakil de verdad. Una conducción por el desierto puro y duro, agrietado por la extrema aridez en algunas zonas, pero con un manto verde en otras que denuncia un nivel freático próximo. Los asentamientos permanentes consisten en agrupaciones de tres o cuatro chozas constridas con cuatro ramas secas en las que viven un par o tres de núcleos familiares y que subsisten criando camellos y cabras.

Tras seis horas de conducción por pistas, llanuras de arcilla cuarteada, lechos secos de rieras que trajeron el agua en la estación de lluvias, por fin se llega al límite de las viejas coladas de lava solidificadas del Erta Ale desparramadas en un área de más de 30 km a la redonda. Aún quedan dos horas adicionales por una pista pedregosa a velocidades inferiores a los 10 kilómetros por hora negociando un terreno afilado como cuchillos muy amenazador para los neumáticos, hasta que al final se llega al campamento base donde harán noche los conductores y cocineros. Nos preparan la cena y cenamos allí.
Unos veinte minutos antes de la puesta de sol, una vez el calor es soportable, iniciamos la ascensión de casi tres horas hasta la cresta del crater. Son apenas 400 metros de desnivel, pero en una distancia de casi 10 kilómetros. La suavidad de la pendiente hace de la ascensión una cosa de niños. La única dificultad es la total oscuridad de las dos últimas horas que hace imprescindible el uso de frontales o linternas. A medida que nos aproximamos a la cresta (cuando apagamos todos los frontales) podemos apreciar la luz anaranjada que brilla en la cima (y en la oscuridad de la noche) que nos marca el objetivo.
Un asentamiento permanente y precario en la cresta de la caldera con varias chozas hechas con cuatro ramas secas sirve de albergue al destacamento militar destinado a controlar la actividad del volcán y la seguridad de los turistas.
Nuestro guía reparte unas colchonetas, hoy no habrá camastros, dormiremos en el suelo.
La excitación se dispara, estamos muy cerca de una de las únicas 5 puertas permanentemente abiertas a los infiernos, al manto terrestre. Las otras 4 puertas las encontramos en lugares tan distantes como el volcán Nyiragongo en el Congo, las islas Salomón, Hawai y la Antártida.
Un descenso de apenas diez metros por un empinado camino nos deja en la caldera. Ya solo hay que caminar unos trescientos metros hasta el borde del crater interior donde la lava ebulle de manera ininterrumpida desde al menos hace veinte años.
El espectáculo es de los que cortan la respiración y supone uno de los momentos culminantes en mis casi 43 años. Somos muy afortunados, la superficie del lago de lava está muy alta, apenas 10 metros por debajo nuestro, pero no lo suficientemente cerca de nosotros como para que se prohiba el acceso a la caldera.
Las explosiones de lava se suceden salpicando las paredes del crater. En la superficie del lago las costras de lava enfriada forman finas cortezas que repiten los mismos movimientos (en miniatura y a gran velocidad) que las placas de la corteza terrestre. Con zonas de subducción y zonas por las que emerge lava. Es un modelo perfecto para entender como funciona la tectónica de placas.
Los veinte turistas somos incapaces de apartar la vista del lago durante casi un par de horas. Los movimientos de la lava son casi hipnóticos.
El calor irradiado por la incandescencia es intenso, sin embargo no hay el característico olor a huevos podridos del azufre tan frecuente en otros volcanes activos. De hecho hay muy pocos vapores en comparación con otros volcanes como el Pacaya, el Bromo o el Ijjen.

Para los freakies tolkianos, el escenario es idéntico al de la escena final en la que Frodo y Gollum se disputan el anillo en la cima del Monte del Destino de Mordor.
Por momentos me pregunto si arrojando un ejemplar de la constitución española al crater (que exactamente como el anillo se forjó para mantenerlos a todos unidos, bien atados y sometidos al poder de UN único señor) se acabaría por una vez con Sauron, el Caudillo, o quien proceda y el nacional catolicismo rancio y casposo que no hay manera de erradicar de los poderes del estado.

Hace 4 años la lava rebosó el crater y se extendió por parte de la caldera. Las coladas resultantes se fracturan al pisar cuando caminamos por la caldera.

Si no sois expertos en vulcanología seguramente os preguntaréis: ¿No es peligroso estar tan cerca de un volcán activo?. La respuesta es un no contundente. El riesgo cero evidentemente no existe, pero el riesgo real es pequeño.
Como no os veo muy convencidos, comenzaré aclarando la diferencia entre los volcanes de actividad pliniana (piroclástica) que resultan terriblemente mortíferos (Vesubio, Pinatubo, Santa Helena) y los de actividad stromboliana mucho mas estables (Etna, Kilawea, y Erta Ale como el mas estable del mundo).
El funcionamiento de los primeros (que casi siempre suelen dibujar un cono perfecto) es similar al de una olla a presión sin válvula de escape. Acumulan energía a lo largo del tiempo hasta que revientan lanzando unas nubes de roca, ceniza y vapores a elevadísimas temperaturas y a grandes velocidades que arrasan con todo lo que encuentran a su paso como si de pequeñas explosiones nucleares se tratase. Mejor no te encuentres nunca a menos de 30-40 kilómetros de un volcán pliniano en erupción.
Los volcanes de actividad stromboliana funcionan como una olla normal con agua hirviendo. Si en un momento dado se nos va la mano con el fuego, el agua hirviendo rebosará y se derramará por la encimera de la cocina. Si el fuego está en su punto, el agua o la leche hervirá durante horas hasta consumirse.
Podéis estar tranquilos que el Erta Ale nunca explotará por los aires. Eso sí, si la lava está muy alta o rebosa hasta la caldera, lógicamente no os dejarán bajar.

Tras casi dos horas contemplando los movimientos de la lava, y las pequeñas explosiones que conforman una especie de “font mágica” de roca incandescente, nos volvemos al campamento de la cresta del crater para dormir. En unas 6 horas regresaremos para ver el amanecer junto al volcán.
El cielo estrellado vuelve a ser nuestro techo por segunda vez, pero esta vez el suelo es mucho mas duro que los camastros. Mi espalda me lo recuerda a las dos horas.
Aún es noche cerrada cuando regresamos a la caldera sobre las 4 y media de la madrugada. A las cinco empieza a clarear pero el espectáculo en el mar de lava sigue siendo magnífico. Algunos de nosotros nos encaramamos a un pequeño pico coincidiendo con la salida del sol a unos doscientos metros del crater desde donde se domina toda la caldera.
A nuestros pies una extensión de coladas solidificadas con el agujero de lava y el círculo de la caldera. Parece como si hubiésemos viajado en una máquina del tiempo hasta el año cuatro mil millones antes de Cristo.
Ya a plena luz de día, la lava se ve mas anaranjada que de noche, cuando es rojiza.
Nuestro guía nos da un toque a las 8. Hay que bajar. Tenemos dos horas y media de camino hasta el campamento donde se quedaron los jeeps y los conductores.
Tras desayunar en la base del volcán, deshacemos lo recorrido para regresar al primer campamento.
Desde allí nos desplazamos hasta la orilla del lago Assal (no confundir con otro lago de igual nombre en Djibuti).

El lago Assal forma parte de un sistema de lagos salados (Afrera, Assale) que marca los restos de un antiguo lecho marino que se secó por la brutal evaporación, y que tarde o temprano volverá a inundarse. Para llegar hasta su orilla atravesamos un salar con las formaciones hexagonales características y que os recordará a otros salares como los de Uyuni, Atacama, Death Valley, o Douz. En la orilla del lago el agua de elvadisima salinidad conforma una finísima película dando pie a curisoas ilusiones ópticas como la de una virtual caminata sobre las aguas. Es un buen sitio para la puesta de sol.

El último día del tour del Danakil se suele invertir en el segundo plato fuerte de la depresión: El volcán Dallol. En este caso no hay lava, pero si unas emanaciones sulfurosas que junto a la sal y el agua salada han conformado un paisaje único en el mundo donde los colores amarillo, naranja, verde y azul lo invaden todo; y donde el agua sulfurosa ha modelado la sal en curiosas platafofmas radiales. Si fuimos muy afortunados con el Erta Ale, en el Dallol encontramos poca agua, por lo que el volcán no estaba en su máxima plenitud, aunque conservaba su fotogenía por todos los rincones.
Junto al Dallol encontramos también unas muy escénicas montañas de sal repletas de cañones, pináculos, cuevas.
Un lago de aguas termales en medio del salar fue la penúltima parada. El tour propiamente dicho terminó en la zona donde los afar extraían la sal, la cortaban en piezas rectangulares perfectas y las cargaban en sus camellos. Igual que ellos, nosotros también teníamos por delante un viaje hasta Mekele, en nuestro caso de unas 5 horas frente a los 9 días que invertirán las caravanas de camellos.

Los 400 dólares (si has regateado en nivel experto) que cuesta el tour del Danakil están sobradamente justificados en un world class. La visita a esta depresión es indudablemente una guinda de pastel de las gordas de cualquier viaje panafricano.

Tras el regreso a Mekele, me esperaba por delante una maratoniana etapa de 16 horas de bus hasta Addis para recoger a Carol que llegaba a punto para las navidades.

4 comentarios to “ETAPA 13: LA DEPRESION DEL DANAKIL o (Para hacerlo mas diabólico todo) ETAPA 666: LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL INFIERNO”

  1. en mente, en mente, en mente…. desde hace mucho… Crec que els propers nadals faré Danakil i pas a Socotra…. Gràcies per relatar tant be els llocs del meu estimat pais.

    • German Says:

      Hola Ricardo, en pricipio si vas en fechas normales para el Danakil (no en los meses de julio o agosto) no deberías tener muchos problemas para tener salidas garntizadas.
      Ethio tours suele llenar facilmente de 3 a 5 jeeps. Me dijeron que han llegado a ser hasta 20 jeeps (supongo que tan masificado perdera el rollo).
      Vi otro operador que llevaba solo 2 jeeps (uno con los turistas y el otro con el staff). Imagino, que el precio no será el mismo.

      Eso si, no hay salidas diarias, acostumbran a salir cada dos días.

      Lo mejor es que te pongas en contacto con ellos una semana antes, y que te vayan informando. Y sobretodo hazte el remolón con los pagos, intenta no adelantar ni un euro hasta que llegues a Mekele.

  2. Cristina Says:

    Des que vaig estar a Indonèsia que em flipen els volcans, i no en sabia res de les cinc portes de l’infern. Que guapo ha de ser!!

  3. ¿Qué tal, Germán? Saludos desde Zaragoza.

    Algunos que ya hemos estado en Etiopía nos planteamos volver y hacer alguna cosa que quedó pendiente, como visitar la depresión del Danakil.

    Querría saber cuánta gente salió en tu grupo desde Mekele, pues he oído que hacen falta 8 personas como mínimo para llenar dos coches, y es complicado reunir tanta gente dispuesta a ir a un destino complicado. ¿O basta juntar menos gente, y los 2 coches que -creo- viajan juntos como mínimo se completan con los guardias de seguridad, cocinero, chófer…?

    Gracias de antemano,
    Ricardo Lafita.

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