Durante siglos Oriente y Occidente tuvieron su encuentro gracias a una ruta comercial y a la exótica mercancía que le dió su nombre; una mercancía que provenía de extraños reinos, un valioso tejido que se producía con el hilo que desprendían las larvas de unos pequeños gusanos.
La seda.
Esta ruta comercial significó ya en su época una auténtica globalización. Las estéticas clásicas de occidente y oriente se hermanaron gracias a la escuela Gandara; las religiones del libro tuvieron sus encuentros con budistas y confucionistas. El pensamiento, la tolerancia, la civilización y la razón viajaron de la mano de divisas y exóticas mercancias. Porque no fue la riqueza material sino los conocimientos, el intercambio y las ideas que galoparon entre occidente y oriente sobre los jorobados lomos de los camellos bactrianos los que hicieron de esta ruta posiblemente el mayor encuentro cultural de la humanidad.
Las aridas llanuras del Asia Central, las estepas glaciares del norte de los Pamires, los ochomiles de los Karakorums y del Pamir, los desiertos del Taklamakan, y el Karakum; todos ellos paisajes enormes; conforman de por si el mejor de los escenarios posibles para este intercambio.
El insignificante hilo de un pequeño gusano consiguió tejer durante siglos la materia con la que se construye la leyenda; porque no hay nombre o hecho asociado a esta ruta que no suene a leyenda en el imaginario colectivo; desde las lagrimas de Alejandro cuando ya no quedaban mas mundos por conquistar, al Palacio de Jerjes en Persia; desde conquistadores como el gran Tamerlán, Gengis Khan a estadistas como el primer unificador del reino del Centro el emperador Qin.
Viajeros que fascinaron a occidente con sus fabulosos relatos como Marco Polo o Ibn Batutta, o anónimos comerciantes o aventureros atravesaron ciudades cuyos nombres consiguen hacer soñar a cualquier viajero, Bukhara, Samarkanda, Isfahan, Kashgar, Osh, o Merv.
Hoy, el presente ya no es tan evocador; la herencia del desmembramiento de la antigua Union Sovietica, las guerras, el fanatismo de algunas sectas radicales, el fanatismo neocolonial de los caballeros de la libertad llegados de las academias militares de Virginia; han convertido una región por la que antaño decenas de rutas se entretejían como una alfombra, en una sucesión de zonas prohibidas o muy peligrosas para el viajero (Afganistán, Irak), y de nuevas fronteras cargadas trabas administrativas y burocráticas que requieren infinita paciencia, semanas de espera para obtener un visado, una carta de invitación, una autorización (Turkmenistán, Tayikistán, y en menor medida Irán, Uzbekistán, Kirguizstán, Kazajstán, China).
Poco espacio queda ya para románticos soñadores; las fronteras blindadas y las terminales aéreas internacionales con sus funcionales e impersonales blancas salas de espera y sus asépticos garitos de migración iluminadas con fluorsecentes; han sucedido a los elevados pasos de montaña, a los desiertos, a los caravanserais y a los camellos. Corren tiempos distintos, cotrren épocas diferentes.
Con 37 años a punto de cumplir, con el bagaje cultural adecuado, con la experiencia viajera suficiente, y con un sueño que arrastro desde que tenía 15 o 16 años; este es el momento preciso para acometer este viaje.
Soy conocedor de que Turkmenistán podrá ser un escollo prácticamente insalvable, y la alternativa (Afganistán), una misión suicida.
Solo albergo una pequeña esperanza, una agencia de Kazajstán podría conseguirme uno de esos modernos salvoconductos que son las cartas de invitación. Con esa carta de invitación, inshaláh (con la voluntad de Dios) quizas podría obrarse el milagro en la embajada de Turmenistán en Ankara (Turquía) y conseguir aunque fuese un visado en tránsito para atravesar Turkmenistán en un par de días.

Si no es esa la voluntad de Dios; las opciones son tan variadas como infinitas; quizas de Mashad (Irán) volar hasta Yakarta (Indonesia), de allí a Australia, y de Australia a la península de Malaca (Singapur); quizas un salto desde Tehran a Uzbekistán. Es pronto muy pronto para pensar en ello.
Ya sea completa o sea por eslabones, espero tener un poco de leyenda para mi. También espero al regresar a casa, ser un poquito mas viajero y un poquito menos turista.
Inshalláh