Frenética, bulliciosa, vibrante, caótica, asiática, achinada, afrancesada, vietnamita, congestionada, llena de motoristas suicidas, saturada, caliente, dinámica, tradicional, aromática, densamente poblada, insalobre, colonial, mochilera, estimulante, sensorial, son los adjetivos que se me han ocurrido entre un par de sorbos de mi tónica para definir algunas de las sensaciones que me ha transmitido Hanoi.
La capital del norte y también la capital del país destila esencia de puro sureste asiático por todos lados. Las construcciones residenciales, de vivienda salvo excepciones obedecen a una estructura típicamente china, fachadas estrechas, una única crujía, muros medianeros que se proyectan al exterior; mientras que los edificios monumentales obra de los franceses como el teatro nacional muestran la cara mas colonial de la ciudad. Y destacando por encima de los demás el ecléctico edificio que albergó a la Escuela de antigüedades del Extremo Oriente (ahora museo de historia) que parece querer abarcarlo todo.
Diferentes lagos aparecen por la ciudad. Y es que antiguamente, antes de haber sucumbido al imperio del ciclomotor y las dos ruedas) Hanoi estuvo recorrida por canales que enlazaban estos lagos.
Preciosos y frágiles puentes de madera conectan la placidas orillas de estos lagos con islas interiores salpicadas de pequeñas pagodas y templos.
Aunque una parte de la ciudad vieja se ha visto secuestrada por la oferta de establecimientos enfocada al turista occidental y en particular al backpacker (agencias de viaje, guest houses, bakeries, cervecerias, clubs) produciéndose una Khaosanización (o una Thamelización); la zona del mercado y las zonas gremiales aun se conservan intactas. Allí pueden verse escenas tradicionales de mercado, y agrupación de tiendas en función de lo que venden, cesteros de mimbre, cerrajeros y herreros, textil, vendedores de parafernalias del templo, vendedores de especias…
Allí me encuentro un bar de tapas genuinamente español, regentado por Carlos, un valenciano que de la mano de un socio italiano, se ha embarcado en esta particular aventura gastronómica. Aunque es un pecado hacer esto en una de las capitales gastronómicas mundiales como Hanoi, (la comida vietnamita junto a la tailandesa brilla por encima del resto de gastronomías de la región), no puedo resistirme a pedirme una cañita y unos montaditos de jamón, una almejas a la marinera y unas bravas. Me explica que tuvieron que cerrar el establecimiento que abrieron en Hue, y que en Hanoi la cosa va mejor, nutriéndose de una clientela mezcla de turistas españoles que pasan con vietnamitas de clase media-alta.
La ciudadela de Hanoi, hasta no hace mucho cerrada al visitante, y de propiedad del ejercito vietnamita; desde hace un año ha abierto sus puertas a los pocos visitantes que son conocedores de que la UNESCO declaró patrimonio de la humanidad al conjunto en el 2010. Lo reciente de este nombramiento hace que ninguna de las ediciones de las guías de viajes estandar mencionen la ciudadela como un lugar de interés.
Las excavaciones realizadas en el lado oeste de la ciudadela han desenterrado restos que anuncian que la ciudadela ha venido siendo habitada desde hace mas de 2.000 años. Muchos de ellos pueden verse eun un museo en uno de los edificios de la ciudadela.
En la ciudadela conviven estructuras que datan desde el siglo XII al XX.
Las mas destacables, un par de monumentales puertas, una impresionante torre de la bandera.
Pero al tratarse de una propiedad del ejercito; dentro del recinto; los vietnamitas exhiben orgullosamente como trofeos de caza varios vehículos militares, cazas y helicópteros americanos apresados durante la guerra a los que puedes incluso subir a hacerte alguna foto. En medio de todos estos trofeos, una especie de monumento erigido con chatarra y restos del equipo estadounidense parece querer decir al visitante que ese es el futuro que le espera a cualquier ejercito que pretenda ocupar Vietnam.
Otro de los puntos destacados que pueden visitarse de la ciudadela es el D67, nombre clave con el que se conoce el bunker subterráneo en el que el estado mayor nor-vietnamita se reunía para diseñar la estrategia del ejercito regular de Vietnam del Norte en colaboración con las guerrillas del Vietcong contra las fuerzas de ocupación estadounidenses durante la guerra. Estar allí y pensar que tal vez dentro de ese búnker se planificó la ofensiva de Tet es tocar la historia con las manos.
Otras visitas obligadas de la ciudad son la tambaleante pagoda del pilar único, el templo de la literatura y como no, el Mausoleo de Ho Chi Minh, primer presidente de la república democrática de Vietnam del Norte, héroe y libertador nacional, que luchó contra los ocupantes franceses primero y contra los estadounidenses mas adelante.
Personalmente no soy un entusiasta de este tipo de cultos a la personalidad; creo que tanto Ho Chi Minh, como Mao o Lenin no hubiesen aprobado su embalsamamiento. Así que opté por ver el mausoleo desde fuera. Tampoco nunca visité el mausoleo de Mao las veces que estuve en Beijing.
Aunque no quedaban plazas de tren, conseguí una en una reventa; y sí, en Hanoi se revenden billetes de tren como si se tratase de entradas para conciertos.