EPISODIO 27: XIAN. PUNTO Y SEGUIDO

Os he de confesar que unos dias antes de llegar a Xian, estaba convencido que la emocion podria conmigo y me derrumbaria al contemplar las murallas de la vieja ciudad. Atrás quedaban demasiadas visicitudes, muchos contratiempos, con momentos en los que todo se volvia en contra y nada salia bien, con situaciones en las que estuve a punto de arrojar la toalla y coger un vuelo a cualquier isla de Tailandia. El factor suerte se había estado mostrando esquivo desde antes de salir. Todo habían sido pequenyas trabas que se entretejían de la manera mas perjudicial. Desde una extranya pandemia que se presuponía como el fin de la humanidad (la gripe A) que hizo que estados como Turkmenistán blindasen temporalomente sus fronteras, a los estallidos violentos de Irán o Xinjiang, a la prepotencia de los funcionarios consulares rusos y azarís de Trabzon y Tiblisi, pasando por la precipitada marcha de mi compañera de viaje en Tashkent.

Llegar a Xian era un logro peronal, una victoria sobre todo aquello y la culminacion de la Ruta de la Seda completa. Era como coronar el puerto, como hacer la cima. Una recompensa a la perseverancia.

Pero…la verdad es que al final, nada…no vertí ni una lagrima. Emocion si, toda la del mundo…pero…no lo se, quizas me este volviendo un insensible de vuelta de todo…o quizas es que no podia permitirme que Victor pudiera explicar que me vio llorar.

Xian era el destino final de las caravanas que hacian la Ruta de la Seda, o el origen de los que la hacian en sentido inverso. Y para nosotros el lugar para dar por terminado el viaje y comenzar las vacaciones.

El caso es que llegamos tarde, bien entrada la noche a Xian, solo teníamos dos alternativas para cenar, dos grandes cadenas abiertas 24 horas; KFC o McDonalds. Optamos por el segundo, hambrientos nos tiramos a la bigmac y las patatas con mayonesa del Mcdonalds que habia frente a la estacion (el primero en muchisimo tiempo, en mi caso desde Tiblisi).

Al dia siguiente, fui corriendo a la PSB (policia) a comenzar a mover la extension de mi visado (Victor ya lo habia conseguido en Lanzhou gracias a Bagio. el poli guay que estudiaba español). Pero mi racha continuaba. Yo en lugar de a Bagio me topé con una cola enorme y un grupo enorme de estudiantes kazakos que habia colapsado las oficinas de la PSB. Me indican que será imposible tener mi extensión antes de 5 días. La enorme cola y el creer que me llevaría toda la mañana solo dejar mi documentación, hicieron que creyera mas adecuado dejar el tramite para la siguiente ciudad (grave error, como después se verá).

El caso es que casi sin darnos cuenta nos cayo la tarde encima y no habíamos hecho nada aun. Así que después de comer algo nos zambullimos en el barrio musulman. Ese era el lugar mas simbolico donde dar por concluidas nuestras respectivas y particulares Rutas de la Seda.
Caidas las 8 de la tarde, una vez cerradas las taquillas, nos introdujimos furtivamente en el patio interior de la gran mezquita de Xian. Alli los chinos hui (chinos musulmanes) acudian a su cita con la oracion vespertina. Y alli estabamos nostros dos, en comunion con todos ellos haciendonos la foto conmemorativa (y una de las pocas que tenemos juntos tras casi dos meses viajando juntos). Fue algo sobrenatural, estabamos alli, pero nadie nos percibia como dos elementos extranyos. Parecia como si todos alli supiesen que estabamos en un momento de una gran significancia para nosotros. Como si fuesen conocedores de nuestro viaje por la ruta que siglos atras llevo a sus tierras su propia creencia religiosa. Creo que fue uno de esos momentos en los que alli nadie nos percibio como unos simples turistas.
En ese momento no nos comentamos nada de todo esto, pero creo que para los dos, ese fue uno de los momentos mas especiales del viaje.


Al abandonar la mezquita los dos estabamos euforicos, una euforia contenida, pero muy placentera. Lo habiamos hecho, ya formabamos parte de la leyenda. Nunca seremos Marco Polo, Ibn Batuta, Tamerlan o Kublai Khan; pero habiamos participado de alguna manera en todo aquello, y los dos habiamos culminado un suenyo.



Casi como una ceremonia, nos comimos unas brochetas de cordero asadas al carbon con un pan uigur en uno de los puestecillos callejeros que se suceden en el barrio musulman, uno de esos lugares que tanto Victor como yo ya conociamos de una visita anterior y al que ambos tenemos un especial cariño.




Y aun teniamos toda la noche por delante para celebrarlo…

HOJA DE RUTA-EL VIAJE SOBRE EL MAPA

PONLE MUSICA

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